Imagínese esta situación: un huésped llega a su hotel, cansado del viaje. Lo primero que busca es la comodidad de una cama bien hecha, con sábanas suaves y un aroma fresco. ¿O qué tal un comensal en su restaurante? La limpieza impecable del mantel y las servilletas de tela ya le están diciendo algo del estándar de su local, incluso antes de probar el primer plato.
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