Pensemos por un minuto en toda la ropa que procesan a diario. No me refiero solo a la montaña de sábanas, toallas o uniformes que entran a las máquinas. Piensen en el viaje completo: desde que se retira sucia de un hotel o clínica, hasta que vuelve impecable, doblada y lista para usar. Ese recorrido, que a veces damos por sentado, es donde se juega gran parte de la eficiencia
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